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Lunes, 13 de junio de 2011   |  Número 12
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TRIBUNALES
CONTRA UNA SENTENCIA DEL TSJ DE CANTABRIA
Desestimado un recurso por contagio porque en 1990 no era posible detectar hepatitis C en una transfusión
Por este motivo, el Supremo considera que no existe responsabilidad patrimonial por la contaminación sufrida

Ricardo Martínez Platel. Madrid
El Tribunal Supremo ha desestimado un recurso de casación interpuesto contra una sentencia de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, en el que una mujer reclamaba la responsabilidad de la Administración por contagio del virus de la hepatitis C en dependencias sanitarias.

Según la demandante, el contagio se habría producido debido a tres transfusiones que le fueron practicadas el 22 de junio de 1990 en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander. En los chequeos rutinarios efectuados con posterioridad se apreció un aumento del grupo de enzimas catalizadoras conocidas como transaminasas hasta que cuatro meses más tarde se le diagnosticó una hepatopatía crónica por virus C y más tarde una hepatitis crónica activa grado II, estadio III.

La resolución sostiene que no se aprecia relación de nexo causal y que no resulta acreditado que la aparición de la hepatitis C en su sangre se debiera a la citada transfusión, que procedió de tres donantes altruistas, dos de los cuales continuaron haciendo donaciones en los que la prueba de la detección de anticuerpos VHC ha resultado negativa y el tercer donante no ha presentado datos clínicos que sugieran la infección de la hepatitis C.

El informe del perito judicial revela que no se puede asegurar que el contagio se produjera en ese momento, por lo que no resulta suficiente motivo para imputar la responsabilidad a la Administración. Además, la recurrente no ha probado esa relación de causalidad entre la acción del hospital y su enfermedad. El fallo recuerda que “la carga de la prueba respecto al hecho ha de correr a cargo de la parte actora”.

Además, el estado de la ciencia y de la técnica médica en julio de 1990 no había establecido como obligatorios los marcadores o reactivos para detectar el virus de la hepatitis C por el VHC, por lo que la contaminación con este virus de la sangre transfundida no podía conocerse.
 

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