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Lunes, 27 de junio de 2011   |  Número 13
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actualidad
PLANIFICACIÓN ANTICIPADA DE LA ASISTENCIA MÉDICA
“El representante de las instrucciones previas es interlocutor, garante e intérprete de la toma de decisiones”
José Luis Monzón y José Antonio señalan la dificultad de que las situaciones que se describen en el documento coincidan con el escenario clínico

Ricardo Martínez Platel / Imagen: Diego S. Villasante
Cuando una persona no se encuentra en situación de poder tomar sus decisiones, necesita que un representante lo haga por él para que se cumpla su voluntad. Las decisiones de sustitución o representación, una vez excluido el profesional sanitario, han estado en manos de los familiares, aunque también pueden recaer en allegados que conozcan bien los valores del enfermo. Sobre el asunto de las instrucciones previas y las decisiones de representación se han pronunciado José Luis Monzón, médico especialista en Medicina Intensivista y José Antonio Seoane, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de La Coruña, en el marco de un seminario-debate sobre planificación anticipada de la asistencia médica, organizado por la Fundación de Ciencias de la Salud y la Organización Médica Colegial.

Ricardo de Lorenzo, José Luis Monzón y José Antonio Seoane.

Monzón ha indicado que la solución al problema que se suscita de los tratamientos que una persona debe recibir al final de sus días, pasa por “planificar anticipadamente la atención médica, a través de un documento que explicita el tratamiento que el enfermo desea recibir”. Tal y como recoge la Guía de Ética en la Práctica Médica sobre este asunto, en Medicina la incapacidad se denomina “de hecho”, cuando se da en personas que carecen de conocimiento y/o voluntad para tomar decisiones de forma autónoma.

Las instrucciones previas no pueden recoger todas las situaciones que una persona puede afrontar a lo largo de su vida, por lo que la figura del representante cobra especial relevancia a la hora de dilucidar determinados escenarios clínicos. La mayoría de las personas no hacen planes a largo plazo sobre su posible asistencia sanitaria, aunque no deja de ser conveniente saber cómo una persona quisiera ser atendida cuando no pueda expresarse, para poder llevar a cabo sus preferencias. En España son pocas las personas que cumplimentan los documentos de instrucciones previas, pero los familiares o amigos pueden haber llegado a conocer sus deseos para situaciones en las que no puede decidir por sí mismo.

José Antonio Seoane ha explicado que existen tres escenarios en la toma de decisiones: cuando el enfermo tiene plenas facultades (consentimiento informado), cuando se valora una posible incapacidad en el futuro (instrucciones previas) y cuando el paciente no se encuentra en condiciones para decidir (decisiones de representación). Para Seoane, en este último supuesto, el representante debe convertirse en “interlocutor, garante e intérprete en la toma de decisiones”.

Los Documentos de Instrucciones Previas (DIP) tienen muchas ventajas y algunos inconvenientes, como es la dificultad de que las situaciones que se describen en el documento coincidan con el escenario clínico en el que surge la necesidad de ser utilizado.
 

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