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Lunes, 30 de mayo de 2011   |  Número 11
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ANTONIO DE TORRES, VICEPRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN ANDALUZA DE dERECHO sANITARIO
“El médico necesita que los tribunales le respalden de manera tajante en el asunto de la objeción de conciencia”
El letrado asegura que los problemas de responsabilidad no están ahora ligados con el tema del consentimiento, sino con la mayor o menor siniestralidad de cada una de las especialidades

Ricardo Martínez Platel
Antonio de Torres Viguera lleva más de 35 años ligado al Derecho Sanitario. Considera que, en algunos asuntos, el médico necesita el respaldo de los tribunales, aunque sea con normas difíciles de aceptar, como en el asunto de la objeción de conciencia.

Antonio de Torres Viguera.

¿Cómo nace la idea de crear la Asociación Andaluza de Derecho Sanitario?
Es un reflejo de la importancia que a todos los niveles tiene el Derecho Sanitario actual, que alcanza, hoy día, autonomía propia. Hay muchos especialistas en esta rama del Derecho, que abarca el Derecho Médico, el Derecho Farmacéutico, el Derecho Veterinario o el de la Sanidad en general. Se debe a que es un campo extraordinariamente vigente y actual. Se trata de aglutinar a los profesionales de Andalucía, como ya ocurre a nivel nacional.

¿Qué objetivos persigue la Asociación Andaluza?
La intención es impulsar y coordinar a los juristas especializados en la materia y poder intercambiar conocimientos que puedan estar dispersos. Intentamos trazar un proyecto y una meta común. Se trata en definitiva de poner al Derecho Sanitario en el lugar que le corresponde por su actualidad.

¿Qué papel va a desempeñar usted?
Soy vicepresidente por el cariño de los compañeros y no por méritos propios, aunque llevo 35 años relacionado con el Derecho Sanitario.

¿Qué relación tendrá la Asociación Andaluza con la Asociación Española de Derecho Sanitario?
No se entiende la Asociación Andaluza sin la Asociación Nacional, entre otras cosas, porque el gran impulsor es Ricardo de Lorenzo, autentico baluarte de la mísma, que ha creído oportuno impulsar el nacimiento de esta entidad en Andalucía por el especial interés existente. No es posible pensar en discrepancias o metas distintas.

¿Cómo valora el trabajo que ha desarrollado la AEDS a lo largo de estos años?
Es un éxito absoluto. Es la auténtica referencia. Ante la dificultad que supone aglutinar todos los conocimientos de los que nos dedicamos a la materia, la AEDS se ha encargado de organizar congresos y foros de debate con el fin de discutir los temas de actualidad. Ha sido vital en el desarrollo del Derecho Sanitario.

Muchos expertos coinciden en señalar que en los años ochenta y noventa se vivió la explosión del Derecho Sanitario y que en este momento se vive una etapa más reflexiva.
Estoy de acuerdo. En los años ochenta y noventa se produce a nivel autonómico y estatal la gran reforma de la estructura sanitaria y de los servicios públicos de salud, y ello motivió una gran conflictividad judicial. Hoy la situación es más pacífica.

A lo largo de estos años, ¿cómo ha visto la evolución de la relación médico-paciente?
En mi opinión se ha perdido la confianza que se tenía en el médico, sobre todo a niveles de Atención Primaria, en la que la relación era muy personal. Y también porque las administraciones han focalizado en los facultativos los problemas de los servicios públicos de salud. Ahora hay una relación distinta, tal vez más formal, más reglada, pero seguramente menos personal.

¿Cuáles serán los temas candentes en el futuro próximo del Derecho Sanitario?
Hay muchos temas candentes, pero por su actualidad me inclino por la necesidad que tiene el médico de ver resuelto el problema de su objeción de conciencia. Necesita que los tribunales le respalden de una manera tajante en ese aspecto, aunque son normas difíciles de aceptar. Las nuevas normas legales en materias muy sensibles, los avances de la técnica, y de la invetigación, etc., requieren un planteamiento justo sobre la aplicación de la objeción de conciencia. De otro lado, a la hora de legislar, se necesita que se cuente más con la experiencia del profesional médico.

El Consejo de Ministros ha dado el visto bueno al anteproyecto de la Ley reguladora de los derechos de la persona ante el proceso final de la vida, pero dicha norma tampoco recoge la objeción de conciencia.
No, no la recoge. Como tampoco lo hace la norma andaluza, que es la que yo más conozco, aunque gran parte de los principios que aparecen en esta última están en el Código Deontológico Médico. Hay un problema en la norma estatal que es que deja toda la voluntad, en esos delicados momentos, a la decisión del paciente o sus familiares, y debe tener más en cuenta la opinión del profesional, que es la más valiosa de todas.

Confío en que la norma se enriquezca en el trámite parlamentario, aunque tanto la norma estatal, como las autonómicas, las considero innecesarias, porque lo médicos ya son conscientes a través de sus Códigos Éticos y Deontológicos de la importancia que tiene observar todos los preceptos que se señalan ahora como una novedad. El médico siempre ha respetado la dignidad del enfermo y siempre ha defendido el “buen morir”. No hay ninguna novedad aparente.

¿Qué puede aportar entonces esta nueva ley?
Esperemos que no aporte conflictos. Lo importante es que regule una actividad tan trascendente, pero que no le cause mayores problemas al médico. Se trata de normalizar una conducta que viene observando desde siempre.

¿Las demandas contra el colectivo médico van más encaminadas hacia una falta de información que hacia la mala praxis?
Creo que la falta de información no existe prácticamente. Lo que puede existir son defectos de forma en dicha información, que puede llevar a que un tribunal a equiparar estos problemas con la falta de información. Hoy en día, es muy difícil que un médico tome una decisión sin contar con el consentimiento del paciente, si bien no siempre de forma escrita, pero sí verbal.

Las demandas judiciales, en la actualidad, tendríamos que estudiarlas desde la óptica de cada especialidad. En estos momentos las estadísticas nos dicen, por ejemplo, que hay una gran conflictividad en ginecología, mientras que ha descendido en otras ramas tradicionalmente problemáticas, como por ejemplo la cirugía plática.

En definitiva, los problemas de responsabilidad no están ahora ligados con el tema del consentimiento, sino con la mayor o menor siniestralidad de cada una de las especialidades.

¿El aumento de reclamaciones contra los facultativos les lleva a ejercer una “medicina defensiva”?
Nunca, salvo excepciones contadas. Porque de esta manera tampoco se impide la proliferación de demandas. La “medicina defensiva” no es conforme a la lex artis.

¿Los médicos están suficientemente protegidos contra las agresiones?
No. Sobre todo en los servicios de Urgencia, tampoco en los lugares donde se administra metadona, ni en Atención Primaria. La mejor herramienta es la denuncia. Es la forma más eficaz de evitar estos hechos. Es importante, como ya ocurre en algunas comunidades, que se persiga como delito. Hay que tratar de reeducar a determinada población mediante el conocimiento general de que se aplica la pena por estos hechos, sobre todo en determinados centros y colectividades especialmente conflictivos.

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