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Lunes, 07 de marzo de 2011   |  Número 5
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EN PORTADA
JUAN MÉJICA, PROFESOR DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO
“Tras sus años de explosión, el Derecho Sanitario vive un momento de serenidad”
Asegura que este ámbito “no ha tocado techo”, porque al igual que el arte, “también es creación”

Ricardo Martínez Platel. Madrid
Juan Méjica es un reconocido profesional del mundo del Derecho Sanitario. Doctor, profesor de la Universidad de Oviedo, pertenece al Cuerpo Superior de Letrados de la Administración de la Seguridad Social, ha sido Jefe de los Servicios Jurídicos del antiguo INP de Asturias, y ha publicado numerosos libros en este ámbito. En 2010 ha sido elegido miembro correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, siendo designado de forma directa para esta corporación de ámbito nacional. Posee la cruz distinguida de San Raimundo de Peñafort y es socio de honor de la Asociación Internacional de Expertos en Derecho del Trabajo Profesor Alonso Olea, así como de Laboral 2000.

Méjica combina el Derecho con su faceta artística.

A su vez, es un consagrado artista plástico. Ha realizado importantes exposiciones en España y en Estados Unidos, Países Bajos, Bélgica, Francia, Alemania, Suiza y Ecuador. En estos momentos se exponen en El Parque de Málaga las obras monumentales en siluetas de acero y cobre y como complemento expone también su trabajo pictórico en el Archivo Municipal. Sus obras representan interpretaciones sobre la figura del toro, el caballo, el tejo o los antropomorfos.

Después de analizar su biografía, ¿qué elegiría entre el Derecho Sanitario y el arte?
Las dos cosas. Para mí, tanto el Derecho como el arte son creación. Siempre he dicho que conmigo estaban un ángel y un demonio, aunque no sabría decir quién cada uno, pero lo que es evidente que no podría vivir sin ninguno de los dos.

¿Cómo hace para compaginar ambas actividades y para tener una obra tan ingente?
En la historia ha habido bastantes que lo han hecho. Hay antecedentes de autores apasionados por dos disciplinas. Si vemos el Derecho Sanitario como una vía de creación, como lo es el arte, creo que son dos actividades muy afines.

¿Cómo comenzó a relacionarse con el Derecho Sanitario?
Estuve en los servicios jurídicos del Insalud durante 20 años. En el inicio de todo. Estamos hablando del año 1984, antes prácticamente no existía el Derecho Sanitario. Me tocó lidiar con los primeros juicios de responsabilidad sanitaria y me tocó abrir camino en cientos de aspectos que estaban sin regular. Los tribunales eran los que redefinían o regulaban. Fue razón de oportunidad. Estaba en el lugar justo, en el momento apropiado. De hecho, se puede apreciar que antes de esos años mi bibliografía era mínima, pero a partir de ahí creció. El estar en los servicios jurídicos me permitió conocer de cerca una materia apasionante. Me tocó llevar los primeros juicios de abortos en España, de vasectomías, de ligaduras de trompas, del tema del sida que nadie conocía. Tuve “antena” para descubrir nuevos caminos y nuevos horizontes, porque el Derecho Sanitario era algo nuevo, de lo que tenías que tener conocimiento de muchas cosas. No era necesario ser el número uno, pero sí ser completo.

¿Hay algún caso de aquella época que le marcara o que recuerde especialmente?
Fueron muchos. Sobre todo demandas de responsabilidad. Recuerdo el caso de una señora que intentó suicidarse siete veces y no lo consiguió, el de un niño que murió porque se metió una alubia en la nariz, el tema de los mandiles de plomo para intervenir a la gente con VIH, la venta de placentas… Podría escribir un libro de anécdotas y de realidad vivida.

Usted es miembro de la Asociación Española de Derecho Sanitario y ha realizado también sus carteles anunciadores de sus congresos. Es una fusión de sus dos pasiones.
Sí. El cartel tiene personalidad, en el sentido que tiene que representar algo exacto, pero al mismo tiene un aporte diferente. Mis obras no son convencionales. Yo las hago ad hoc, es decir, en alguna medida siento lo que estoy representando. Hay una relación íntima entre el producto y mi propia actitud.

¿Cómo se vincula a la misma, y como nace su intensa relación con ella?
Era lógica. Yo estaba en Asturias con todos los temas que he apuntado con anterioridad: sida, hepatitis, responsabilidad sanitaria, problemas de personal estatutario, consentimiento informado… Los años 80 y 90 fueron trepidantes para el Derecho Sanitario. Ahora estamos en una “meseta”. Hubo un empuje, una explosión muy grande en ese periodo. Gracias a un grupo de personas se desarrolló rápidamente y conocí a Ricardo de Lorenzo, que fue el gran impulsor, el referente.

¿Cómo valora la actividad que ha desarrollado la Asociación Española de Derecho Sanitario desde su creación?
La asociación tuvo un despegue vertiginoso. Y ha logrado lo más difícil que es mantenerse como un gran referente para la disciplina. Actualmente no es que haya estancado, digamos que lleva un camino más suave porque ya se han ocupado grandes espacios que estaban sin estudiar y sin comentar. Fuimos pioneros y además se han ido incorporando otros profesionales como en el asunto de la ética, por ejemplo. Se establecieron las coordenadas fundamentales del Derecho Sanitario, que tras un periodo de crecimiento, ahora vive un tiempo de serenidad, porque la doctrina jurisprudencial está marcada, aunque el tema en absoluto está agotado. Yo el año pasado he publicado tres libros de temas tan actuales como la eutanasia, el alzhéimer, los médicos indefensos… Se ha pasado de una situación paternalista a una posición de autonomía garantista del paciente, hasta tal punto que ya se han desarrollado todas las medidas de garantía del paciente y hemos entrado en una fase de indefensión para el médico.

En su libro “No matéis a Caín y otros alegatos acerca del buen morir” analiza la eutanasia desde una perspectiva legal y ética. Y en el último Congreso de Derecho Sanitario presentó un trabajo titulado “Hacia un código eutanásico, una aproximación jurídica”. ¿Qué opina del anuncio efectuado por la Ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad, Leire Pajín, sobre el borrador de la futura Ley de Cuidados Paliativos y Muerte Digna?
De alguna manera hemos sido videntes. Existía una realidad que no estaba regulada. Otra cosa es qué dimensión se va a dar a dicha regulación. Posiblemente sea continuista de la ley andaluza, como de la ley de autonomía del paciente y no creo que afronte la eutanasia. Por eso reitero que el Derecho Sanitario no está acabado, pero está en un periodo más pausado.

Es el autor de los carteles de los congresos de la Asociación Española de Derecho Sanitario.

¿Qué opina de la creación de comités de ética?
Es como el sarampión. Se han anidado en este terreno personas con intereses muy diferentes, en algunos casos con desconocimiento absoluto de los temas jurídicos. Como es fácil agitar conceptos filosóficos, políticos, pseudocientíficos, científicos que ha dado lugar a que en ese árbol aniden especímenes volátiles muy diferentes. Opino que la bioética si no está vinculada al derecho, porque los jueces lo que aplican es la ley, no pasa de ser mera especulación.

En algunos trabajos de Ricardo De Lorenzo, le pondera como uno de los grandes expertos en este país sobre Historia Clínica. Su tesis doctoral fue dedicada ella.
Sin querer presumir, fui el primer español en diseñar jurídicamente la Historia Clínica electrónica. Y así lo reflejé en mi libro “El enfermo transparente” donde mostraba cual debía ser el camino a seguir e incluso como debía ser su homologación en orden al espacio único europeo, como se lleve a una tarjeta de crédito en cualquier país de la Unión Europea. Anuncié aspectos antes de que la ley saliera. Aunque no partí de cero, porque grandes juristas se habían referido ya a este tema, como Roberto Cantero y más profesionales que abrieron camino y yo no tuve más que seguir su estela. La clave es estar siempre al día siguiente al de mañana.

¿Cómo ve desde entonces su evolución y valor en la relación médico-paciente?
La creación de los derechos fundamentales ha desarrollado la autonomía del paciente, que le ha convertido en protagonista. Pero no debe ser el protagonista único, porque hay que tener en cuenta a la otra parte, en este caso el sanitario. La balanza se ha inclinado de lado del paciente de manera predominante y es necesario que se equilibre para no dar lugar al médico indefenso.

También es autor de un libro sobre la ley de Dependencia dirigido a profesionales sanitarios, ¿cuál es su opinión sobre la aplicación de esta Ley y su valoración futura?
Cuando yo presenté este libro, me pusieron “a caldo”. Estos señores defendían una posición política y totalmente sectaria. Casi un siglo después no se ha resuelto el problema de los jubilados, el acceso a residencias… ¿cómo se puede resolver la problemática en pocos años? O es una quimera, o una ilusión, o pura demagogia. La realidad práctica, su virtualidad, me dice que es inviable y a mí nadie me hace “comulgar con ruedas de molino”.

En su libro sobre “La Ley del Paciente”, escrito conjuntamente con Julio Bobes García, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo, ofreció un estudio exhaustivo de la Ley 41/2002, de Autonomía del Paciente, en su aplicación a la especialidad de Psiquiatría. ¿Por qué esta especialidad?, ¿qué la diferencia de las otras?
Si hay alguna patología que puede tener algún tipo de viso, de matiz, por el tipo de pacientes, es la Psiquiatría. De hecho, Ricardo de Lorenzo también comentó esa ley dirigida a ese colectivo.

¿Qué pretende trasladar a sus alumnos en la Universidad?
Mi espíritu, tanto desde el punto de vista creativo, como desde el punto de vista jurídico y mi pasión por esos campos. Es decir, las coordenadas de la creatividad ligada íntimamente con lo práctico. Hay que situar el Derecho en el contexto histórico, político, literario y artístico de nuestros días. Pretendo que aprendan el sentido crítico y al mismo tiempo práctico, heredado de la cultura greco-latina.

¿Qué significan para usted los galardones que ha recibido?
Es el reconocimiento a un trabajo. Aunque yo no lo hago pensando en ello. Es como cuando llueve, lo lógico es que el suelo esté mojado. Lo que a mí verdaderamente me motiva es avanzar y sobre todo transmitir a mi testigo a los alumnos. Para mí, el hacer escuela, saber que tus esfuerzos y tus ideas pueden aportar a los demás, es el mayor de los premios.
 

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