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Lunes, 19 de diciembre de 2011   |  Número 23
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EN PORTADA
JAVIER MARTÍNEZ SALMEÁN, JEFE DEL SERVICIO DE GINECOLOGÍA DEL HOSPITAL SEVERO OCHOA
“La ley de la muerte digna debería retomarse”
El ginecólogo cree este asunto no debe dejarse a la libre interpretación de cada médico

Ricardo Martínez Platel / Imagen: Diego S. Villasante. Madrid
El jefe de Ginecología del Hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid), Javier Martínez Salmeán fue de los primeros médicos en practicar interrupciones del embarazo en un centro público. Y ha sido uno de los especialistas que asesoró en la Reforma de la Ley del Aborto.

El doctor ofrece su punto de vista sobre la ley de muerte digna.

La ley de la muerte digna ha quedado aparcada debido al adelanto electoral, ¿espera que se retome?
Debería retomarse. Es un tema muy complejo. La decisión de hacer o no cosas en Medicina sobre la reducción de capacidad terapéutica es difícil. Hay situaciones complejas en las que hay que tomar la decisión de restringir dicha capacidad y el paciente pasa a una situación terminal desde el punto de vista médico. Es un tema muy complicado como para dejarlo a la libre interpretación de cada médico. A los profesionales sanitarios, que estamos acostumbrados a trabajar para curar, nos cuesta mucho tirar la toalla y dejarlo. Yo, como jefe de Servicio de Ginecología, no intervengo. Entran Paliativos, otras estructuras que son mucho más eficaces desde el punto de vista profesional. Por eso creo que la guía que ha sacado la OMC, sobre la actuación que hay que seguir en estos casos, es correcta.

Rodríguez Sendín, presidente de la OMC, afirmaba que la sedación paliativa es la mejor manera de evitar la eutanasia, ¿qué opina?
El tema de la eutanasia no es un tema que ahora mismo se esté contemplando, aunque hay gente que lo reivindica, estamos hablando de la muerte digna. Es decir, ante una situación irreversible hay que regularlo y los profesionales deben saber lo que tienen que hacer en cada momento. Respecto a la eutanasia hay planteamientos muy individuales que no son de la mayoría. El número de peticiones es algo excepcional. En países donde está regulada, son muy pocas las peticiones de eutanasia, aunque tengan mucha repercusión mediática. La muerte digna está presente en los hospitales todos los días. La muerte digna lo que pretende es que el enfermo no sufra, que tenga un fallecimiento lo más dulce desde el punto de vista físico y que no sufra tampoco la familia al ver la agonía de una persona que quiere.

¿Qué le parece que Mariano Rajoy haya asegurado que tiene intención de cambiar la ley del aborto?
No creo que la vaya a derogar. Yo lo que le he oído es que tiene intención de cambiar algunas cosas de la ley, o en todo caso dejar la de 1985, que le parecía mejor. Personalmente creo que esta última había ido desadaptándose a la situación y había ido cambiando. Fue una ley que se hizo copiando un poco la ley de indicaciones a la inglesa, en la que la mujer interrumpe el embarazo, porque continuarlo tiene más riesgos que pararlo. La ley del 85 no se adaptó a esa situación. Hubo presión, juicios y bastante polémica y el país se adaptó a la ley. Al final, por el grave riesgo psíquico, es decir, porque la mujer ante un embarazo no deseado podía tener un grave riesgo psíquico. Este riesgo no tiene edad gestacional límite, ocurría que los abortos que se hacían en España eran muy tardíos con esa indicación. Había casos en los que se pasaba la viabilidad de la edad fetal, lo que provocó turismo de aborto. Por estas razones no me parece que esa ley del 85 sea mejor que la actual, se había quedado vieja y en Europa no existía normas como la española y todas las demás estaban reguladas en plazo.

¿Cree que a esta norma le ha faltado consenso social?
Sí. Es una norma que sale en un momento de pelea y las fuerzas sociales del país se han enfrentado a la norma ideológicamente. El periodo entre la semana 14 y la 22 hay que acreditar malformaciones para interrumpir el embarazo. Ha habido una oposición a que la mujer decida en un periodo de tiempo que es la ley de plazo y luego lo de las jóvenes. Creo que la Iglesia en este país es muy potente y ha considerado que tenía que desarrollar una batalla en el tema del aborto, en cuanto a la decisión de la mujer principalmente. No creo que debieran modificarlo, como mucho tocar algunos temas sobre los que se puede discutir.

Martínez Salmeán reconoce que el aumento de demandas ha llevado a una "medicina defensiva".

¿Vivimos un momento de judicialización de la sanidad?
Hay un aumento de demandas que genera una medicina defensiva. Hace 30 años no pasaba y no había reclamaciones judiciales. Habría que regularlo de alguna forma, porque la medicina defensiva cuesta mucho. En Ginecología lo vemos con el número de cesáreas. En el ámbito público se da en uno de cada cuatro casos, mientras que en lo privado se llega casi al 50 por ciento. Si se hace una cesárea difícilmente el médico se va a encontrar con un problema judicial, pero si se sigue el parto, aunque el ginecólogo haya hecho lo correcto, y el niño ha tenido sufrimiento fetal van a decir que es responsable por no haber hecho una cesárea. Las peticiones de indemnizaciones rondan lo que ha podido ganar un médico en toda su vida laboral. Habría que establecer baremos. El consentimiento informado (CI) muchas veces tampoco es una solución, porque en el momento que no se puede garantizar la asistencia en el parto de nalgas, aumenta el número de cesáreas. El CI arregla muchas de las cosas que hay en el tema de judicialización de la Medicina. Es una época difícil porque a veces se intentan meter complicaciones psiquiátricas y psicológicas. Hay que valorar si es una complicación que estaba contemplada, hay que ver si la Sanidad Pública se lo ha resuelto y si ha dejado secuelas. Si no se dan esos casos, siempre diría que no a la indemnización. Sin embargo, si no está contemplada y tiene secuelas, siempre recomiendo que hagan casos a las reclamaciones patrimoniales.

Los profesionales sanitarios ven en los tribunales ¿un respaldo o una amenaza?
Hay cierta inseguridad, sobre todo cuando se trata de demandas penales. En el hospital hemos hecho reuniones informales con fiscales y jueces y era gente muy agradable. Lo que sucede es que cuando un médico se sienta en un banquillo se siente solo ante el peligro ante lo que pueda pasar. Porque si se tiene un sueldo de 3.000 euros y te piden un millón como indemnización es algo brutal, porque además piden la inhabilitación. Además, cada juez interpreta de una forma distinta y el médico depende muchísimo del abogado. Los médicos que se ven envueltos en un juicio lo pasan muy mal.
 
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