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Lunes, 17 de diciembre de 2012   |  Número 38
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SENTENCIAS COMENTADAS
Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid nº 364, de 17 de Mayo de 2012
La no utilización de los medios diagnósticos provocó las secuelas del paciente

La Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, en su Sentencia de fecha 17 de Mayo de 2012 ha estimado el Recurso Contencioso-Administrativo interpuesto por un paciente frente a la Administración Sanitaria Autonómica por los daños derivados de la asistencia médica en ella recibida, concediéndole una indemnización por importe de 35.000 euros.

El paciente, de 14 años de edad en el momento de los hechos, acudió el 20 de mayo de 2003 al Servicio de Urgencias de su localidad, tras tropezar con una silla y caer sobre un cristal que se rompió. En la exploración presentaba múltiples erosiones superficiales además de herida inciso-contusa en región axilar izquierda lineal que afectaba a piel y tejido celular subcutáneo, herida en codo izquierdo de 3 cm. que afectaba a planos profundos y herida en región cervical izquierda con forma de L que afectaba a planos profundos. Cuando llegó al Centro las heridas ya no sangraban, y  se le remitió al Hospital para valoración de posibles cuerpos extraños en las heridas y sutura por planos.

Cuando llegó al Hospital, presentaba múltiples heridas por cristal. La exploración motora, sensitiva y vascular fue normal. Con el diagnóstico de heridas múltiples superficiales se realizó tratamiento de sutura y se indicó cura diaria y revisión de heridas en su centro de salud.El 18 de septiembre de 2003 el paciente acudió a oftalmología del hospital presentando ptosis, miosis y anhidrosis frontal izquierda. En el juicio diagnóstico constaba "ptosis+miosis: Síndrome de Horner adquirido". En oftalmología emitieron el juicio clínico de ptosis palpebral que no afectaba a eje visual ni función visual.

El 6 de marzo de 2007, el paciente presentaba disfonía crónica de meses de evolución con insuficiencia nasal crónica, por lo que se solicitó interconsulta con Otorrinolaringología. El 22 de marzo de 2007 dicho servicio informó de desviación septal con hipertrofia de cornete izquierdo, cuerdas normales, proponiendo cirugía. El paciente fue remitido al Hospital para valoración quirúrgica, siendo visto el 3 de abril de 2007. En la rinoscopia se observó cornete izquierdo hipertrófico, en la laringoscopia indirecta se observó parálisis de cuerda vocal izquierda(CVI) en abducción con compensación en la movilidad de ariteroides derecho, cuerda vocal izquierda curvada con GAP importante. Con el juicio clínico de parálisis de CVI, se solicitó un TAC de base cráneo-cervical y torácico, más sacrocoxígeas y se remitió a foniatría. En el TAC cervical realizado el 4 de abril de 2007, se observó un cristal (cuerpo extraño) en partes blandas del cuello en contacto con carótida interna, provocando disfunción de la articulación crico- aritenoidea izquierda.

El paciente ingresó el día 29 de abril para la intervención, consistente en extirpación de cuerpo extraño, y tras una evolución favorable fue dado de alta el día 4 de mayo de 2007. Hubo de ser intervenido nuevamente el día 26 de Junio de 2008 realizándose una tiroplastia tipo 1 con prótesis de silicona, siendo dado de alta el 27 de junio de 2008 y el 3 de julio de 2008 se le retiraron los puntos. La última revisión realizada por el Servicio de Otorrinolaringología del Hospital fue el 15 de septiembre de 2008 en la que se apreció una mejoría de la voz.

De la prueba practicada quedó acreditado que la atención prestada al paciente en el citado Hospital, no fue conforme a la lex artis, pues efectivamente ,a tenor de la prueba pericial practicada, se estimó acreditado que el actor sufrió un daño o lesión y que no existía una obligación jurídica de soportar, ya que a través de una exploración más minuciosa, y en su caso a través de la realización de pruebas diagnósticas sencillas, podía haberse detectado la presencia del cristal en el cuello del paciente, pues precisamente fue remitido al centro hospitalario desde el Centro de Atención Primaria para que los mejores medios diagnósticos con los que cuenta el citado hospital permitieran detectar o excluir la presencia de cristales en el cuello del paciente, teniendo en cuenta las múltiples heridas que éste presentaba en su cuerpo como consecuencia de las características del accidente sufrido, pues no cabe duda que el origen del cristal del paciente llevaba alojado en su cuello y que le fue extraído en el año 2007 está en el accidente por él sufrido en el año 2003. Que hubiera sido sencillo detectar la presencia del cristal en el cuello del paciente a través de una radiografía o bien de un TAC quedó convenientemente explicado a través del informe pericial aportado por el actor, y parece claro que habiendo remitido al paciente al centro hospitalario derivado por el Centro de Atención Primaria debieron de adoptarse las cautelas necesarias para descartar la presencia de cristales en el cuerpo del paciente, así como en el momento posterior en el que por el Servicio de Oftalmología del Hospital, se le diagnosticó un Síndrome de Claude Bernard-Horner adquirido secundario al traumatismo sufrido cuatro meses antes, momento en el que tampoco se solicitó ninguna prueba complementaria que esclareciese la causa subyacente del cuadro clínico. Consecuencia de tales decisiones el paciente ha tenido que sufrir dos intervenciones quirúrgicas, habiendo sufrido asimismo una lesión de la cuerda vocal izquierda. Se puede afirmar, con base en la prueba pericial, que el paciente ha sufrido un riesgo vital que hubiera podido haber desencadenado en cualquier momento una complicación aguda al haber mantenido alojado el cristal a nivel cervical y en íntimo contacto con estructuras vitales y, por otra parte, que el paciente en ningún momento ha recuperado el tono de voz que presentaba con anterioridad al traumatismo sufrido cinco año antes. Por lo que la Sala estima el recurso y le concede una indemnización por importe de 35.000 euros.

 

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