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Lunes, 13 de junio de 2011   |  Número 12
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EN PORTADA
ANTONIO PEDREIRA ANDRADE, MAGISTRADO DEL TSJ DE MADRID
“Los jueces no somos demasiado receptivos a las reclamaciones médicas”
Una demanda que llega al Tribunal Supremo puede tardar unos ocho años y esto para el médico y para el paciente “es un fracaso estrepitoso”

Ricardo Martínez Platel / Imagen: Pablo Eguizábal. Madrid
Antonio Pedreira Andrade, coruñés de nacimiento y madrileño de adopción, es el magistrado instructor del caso Gürtel y desde julio de 2009 preside la Asociación de Parkinson de Madrid.

Antonio Pedreira considera que el Derecho Sanitario necesita "una estructura más adecuada que la presente".

¿Cómo fueron son inicios profesionales?, ¿cómo se empezó a relacionar con el Derecho Sanitario?
Mis inicios profesionales comenzaron en el antiguo INP. Y ahí se inició mi conexión con la Sanidad. Yo vine a Madrid a realizar una oposición de letrado consistorial del Ayuntamiento de Madrid, pero en el intervalo convocaron la de letrado del INP. Luego obtuve la otra oposición también y trabajé en los dos sitios.

¿Qué le parece el tratamiento que se le da al Derecho Sanitario en la actualidad?
No constituye una organización correcta. Hay demasiados aficionados en el mercado. Necesita una estructura más adecuada que la presente. No obstante, aunque mucho se hace a nivel de divulgación, hay que reconocer que la prensa le ha dedicado atención y ha reconocido su importancia.

¿Cómo se podría mejorar?
En primer lugar habría que crear unas especialidades de Derecho Sanitario que fueran reconocidas oficialmente. En España lo que no se reconoce de esta manera, generalmente no da buen resultado. Y segundo, debería ser exigible que a una serie de personas se les pidiese su colaboración de una manera fija. Aunque hay que destacar que la organización actual del ramo, con la que había hace veinte años no tiene comparación, se ha avanzado enormemente. El Derecho Sanitario tiene muchas facetas y la menos explotada no es la de los profesionales, sino la de los sanitarios que puedan ser utilizados acertadamente y que se les extienda una titulación adecuada.

A la hora de afrontar un tema de esta materia, ¿cuáles son los principales problemas que encuentran?
Antes era la bibliografía que era escasa y estaba mal distribuida. Sin embargo, ahora radica más en la especialización. Es decir, cada uno habla de Derecho Sanitario como si su contenido se ajustase a lo que estrictamente se dedica. Esta materia tiene un contenido amplísimo. Son varias ramas y creo debe ser interdisciplinar. El problema es que no ha sido abordado desde todas las perspectivas. Hay que reconocer que los laboratorios, a pesar de que había quien cuestionaba su capacidad para organizar parte del Derecho Sanitario, lo han hecho. Han contestado generosamente a las pretensiones de un sector de la sociedad que necesita financiación. El problema es que en este país no hay una preparación a nivel medio. Parece que existen los estudios universitarios o nada. Lo ideal sería que la universidad se aproximara más al Derecho Sanitario.

¿Las estructuras creadas hacen que ahora las demandas vayan más hacia una información mala o insuficiente?
El tema de la responsabilidad profesional médica no se ha resuelto porque presenta numerosas complejidades. El hecho de que la tendencia que se observa vaya hacia un lado es debido a las estructuras que se han creado. Yo trabajé en este asunto en el INP durante 17 años. Al principio no había ninguna preocupación por esta materia. Hacíamos las estadísticas de la responsabilidad médica muy a la ligera. No es que no hubiese accidentes sanitarios, sino que no se trataban porque no había esa mentalidad de reclamación que hoy existe, afortunadamente. Las administraciones tienen un sistema rígido, por regla general, lo que provoca que cuando alguien va a reclamar se puede armar de paciencia para llevar un pleito a las espaldas.

Se intentó resolver el problema de la responsabilidad médica por la vía de los seguros obligatorios, tema que preocupó durante un tiempo a la opinión pública, pero las indemnizaciones eran bajas e insuficientes. Cuando el INP pasó a ser el Insalud pretendió abordar este asunto desde una perspectiva seria, estableciendo unos topes de indemnizaciones y durante unos años significó un triunfo para la sanidad. Después, la orientación derivó a la administración hospitalaria que atendía las reclamaciones, lo que lo ha mejorado enormemente. Más tarde, apuntaron a una solución por vía aseguratoria, más que por responsabilidad, porque la mentalidad del funcionario no era favorable a las indemnizaciones.
Entonces el sistema que se arbitró fue el del seguro, que fue adjudicado a las principales aseguradoras y así establecieron un control. Yo era partidario del sistema de responsabilidad administrativo-objetiva, pero con los años reparé que el sistema del seguro funcionaba bien, porque no sólo atendía al accidente concreto, sino que luego trataba de adoptar medidas para evitar que se volviera a producir. Empezaron a aumentar las reclamaciones, con el problema de los plazos de prescripción, que junto con la jurisprudencia del Tribunal Supremo, no fue del agrado de las compañías. En la actualidad debe organizarse sobre el sistema del seguro privado.

El magistrado considera que para muchos médicos un proceso judicial supone un trauma.

¿Existe realmente la llamada “medicina defensiva”?
Creo que no. Es un tópico que se originó en Norteamérica. No se puede avanzar a base de una “medicina defensiva”, sino a través de unas indemnizaciones que se ajusten a los requisitos legales y de que el médico tenga la suficiente tranquilidad de saber que si le pasa algo al paciente el riesgo de ir a la cárcel es mínimo. La mayoría de los delitos que se producen son de imprudencia y lo que tratan de buscar ahí es una indemnización. El problema es que, muchas veces, el médico se siente acosado, porque si se querellan contra él, entra en un pleito que supone varios años, con la carga de estrés que conlleva. Porque cada vez que sale en los medios de comunicación su foto o una descripción de lo que ocurrió lo padece. El que trabaja en el ámbito particular se ve afectado no porque le condenen, sino porque le arruinan porque se le vacía la sala de espera. Para algunos facultativos el hecho de verse sometidos a un juicio supone un auténtico trauma. La sociedad debe hacer autocrítica y no pensar que el médico es siempre responsable. Las indemnizaciones son preocupantes, porque si bien antes rondaban los siete millones de pesetas (hace 20 años) ahora son muy altas, por lo que se ven expuestos a reclamaciones desorbitadas. Una reclamación judicial si llega al Tribunal Supremo puede tardar unos ocho años y esto para el médico y para el paciente es un fracaso estrepitoso. Tampoco los jueces somos demasiado receptivos a las reclamaciones médicas, porque existe una cultura tradicional basada en el sistema de beneficencia europeo.

Uno de los temas candentes, y sin resolver en este momento, es la objeción de conciencia.
El tema de la objeción de conciencia de los sanitarios presenta problemas ideológicos y de picaresca. El facultativo que se acoge a esta medida puede ser por creencias religiosas sólidas, y contra eso no se puede hacer nada, pero no es menos cierto que el profesional que es contratado para un determinado servicio no puede alegar objeción de conciencia si no prueba efectivamente que sus creencias se lo impiden. No obstante, es un tema sin resolver y que va a plantear dificultades. Sin tomar posición, ni a favor ni en contra, la profesión médica está destinada a curar.

Antes las agresiones que sufren los profesionales sanitarios, ¿se puede hacer algo más?
El médico, como cualquier tipo de colectivo profesional, se encuentra ante circunstancias que no están contemplas en la ley. ¿Se puede resolver al margen del Código Penal? No es fácil. Y en los hospitales no hay medios suficientes para solucionarlo. Hay que intentar que el facultativo que sufre esta acción goce de la atención inmediata del sistema. A veces las denuncias provocan cambios inmediatos.

¿Qué opinión tiene de la Asociación Española de Derecho Sanitario?
Es una buena asociación. Ricardo de Lorenzo pone sus propios medios y eso le da una dimensión de auténtico empresario. Además, juega con su enorme voluntad y con la cantidad de contactos que tiene y es difícil decirle que no.

 

 

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