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Lunes, 16 de mayo de 2011   |  Número 10
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ACTUALIDAD
Contaminaron la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob a decenas de pacientes
Los tribunales franceses absuelven a los acusados del “caso de la hormona del crecimiento”
Los implicados no poseían los conocimientos suficientes para saber las consecuencias

Redacción. Madrid
El Tribunal de Apelación de París ha absuelto a los acusados de la muerte de 119 personas por el "caso de la hormona del crecimiento", que tuvo un gran impacto en los años 90.

Fernand Dray, uno de los acusados.

Los científicos pusieron en el mercado un producto obtenido a partir de glándulas de cadáveres obtenidas de forma ilegal en morgues francesas y de países del este y que contaminaron la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob a decenas de pacientes. El Tribunal ha estimado, como en primera instancia había hecho el Correccional en 2009, que no poseían los conocimientos suficientes para saber las consecuencias que el consumo de la hormona podía tener en los niños. Por ello, los dos únicos acusados, el antiguo responsable del Instituto Pasteur, Fernand Dray, que desarrolló la hormona, y la pediatra Elisabeth Mugnier, han sido absueltos.

La corte estimó que no cometieron "ninguna falta" y por tanto fueron declarados inocentes de los cargos de homicidio involuntario por el que la Fiscalía había pedido penas de cárcel exentas de cumplimiento. La apelación fue más lejos y les absolvió también de las responsabilidades civiles, por lo que no tendrán que indemnizar a las víctimas, que han recibido hasta ahora 32 millones de euros del Estado.

En total, 1.698 niños fueron tratados, de los que a 119 se ha podido vincular su muerte con el consumo de la sustancia, aunque los familiares de las víctimas estiman que el número de afectados es mayor, porque la enfermedad, degenerativa y sin cura, tiene un periodo de incubación de entre 5 y 40 años. Todos ellos sufrieron en los años 80 el tratamiento con un producto revolucionario, extraído de la hipófisis de cerebros de cadáveres.

El Tribunal consideró probado que la extracción de esa sustancia se hizo en cadáveres sin respetar las medidas de higiene y de control adecuadas, en ocasiones en hospitales que trataban a pacientes con enfermedades neurológicas y contagiosas. Además de en Francia, los responsables de la red que puso en el mercado este producto acudieron a tanatorios de Bulgaria y Hungría para recoger la hipófisis.

Fabricada entre 1980 y 1988, los efectos de la hormona comenzaron a detectarse a partir de los años 90, cuando se produjeron las primeras víctimas. Para entonces, este tipo de producto había dejado de producirse a partir de glándulas humanas y fue sustituido por una hormona elaborada a partir de elementos sintéticos, sin riesgos de contaminación de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob.

 

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