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Lunes, 04 de abril de 2011   |  Número 7
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EN PORTADA
JOSÉ ANTONIO SEIJAS QUINTANA, MAGISTRADO DE LA SALA PRIMERA DEL TS
“No es cierto que la jurisprudencia del Supremo siga dos líneas”
Descarta que haya una vía de los años ochenta y otra más actual y asegura que desde 2005 sólo se sigue un camino

Ricardo Martínez Platel. Málaga
Cuando en una intervención de cirugía estética se ha asegurado un resultado que no se obtiene, existe responsabilidad del médico. Este tipo de sentencias, dictadas por el Tribunal Supremo, se están valorando de una manera crítica por parte de algunos juzgados y audiencias.

José Antonio Seijas Quintana.

José Antonio Seijas Quintana, magistrado de la Sala Primera del Tribunal Supremo considera que “hay veces que la jurisprudencia llega tarde al conocimiento de quienes tienen que aplicarla, tanto jueces como abogados”. Se ha llegado a decir que el Tribunal Supremo tiene dos líneas de jurisprudencia, la de los años 80 y la actual, algo que Seijas se encarga de desmentir, porque para él, “sólo hay un camino desde 2005”, tal y como ha asegurado en una jornada de responsabilidad médica, celebrada en el Colegio de Abogados de Málaga.

El magistrado establece algunas claves en este nuevo camino, como es que no se puede prescindir de la idea subjetiva de culpa, tampoco se puede equiparar el daño al resultado, no todos los individuos reaccionan igual a los tratamientos de los que dispone la medicina actual y que no hay categorías o especialidades médicas de más o menos riesgo.

Hay una sentencia que marca el punto de inflexión de la Sala Primera del Tribunal Supremo, de 21 de octubre de 2005. Se trataba de una operación de medicina satisfactiva o voluntaria que tenía como finalidad eliminar unas cicatrices. El resultado no fue el que se esperaba y la paciente acabó con unas cicatrices aún mayores. Las sentencias de primera y segunda instancia hablaban de un caso fortuito, pero el alto tribunal utiliza uno de los criterios de imputación objetiva, que es el tema del riesgo y analizó la conducta del médico sin tener en cuenta qué tipo de medicina ejercía. El problema de este caso es la información que se ofreció a la paciente/cliente, ya que no se le detallaron todas las posibilidades adversas. Se juzgaba una intervención en la que el médico había llevado a cabo una buena praxis, pero faltaba información, que es lo que identifica el daño.

Seijas ha recordado que “el consentimiento informado puede ser verbal, no necesariamente por escrito (aunque en este caso se invierte la carga de la prueba y se traslada al médico)”. El Tribunal Supremo dice que la falta de información puede producir un daño físico o corporal, moral o patrimonial y para cuantificarlo utiliza el baremo del automóvil (con criterio orientativo).

El magistrado cree que “otorga cierta seguridad jurídica a las indemnizaciones”, aunque señala que hay que ser consecuentes y “no se puede entrar y salir del baremo” y que cuando se utiliza criterios de pura moderación, “no se pueden revisar en casación”.

 

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