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Lunes, 19 de diciembre de 2011   |  Número 23
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sentencias comentadas
Sentencia de la Audiencia Provincial de Valladolid de 4 de Julio de 2011
No existe imprudencia del médico al no ser informado por una gestante de padecer una malformación genética

La Sección 1ª de la Audiencia Provincial de Valladolid ha desestimado el recurso interpuesto por una paciente contra el médico y su aseguradora al no haber sido detectadas las malformaciones que presentaba el feto mediante las periódicas ecografías realizadas durante el seguimiento del embarazo. Consta en la historia Clínica que la paciente de 36 años tuvo tres abortos anteriores, y que rechazó la prueba de la amniocentesis por no asumir su riesgo. Asimismo, consta en la misma Historia Clínica que el facultativo objetivo en la cesárea la malformación en el pie que padecía la madre, tras lo cual, la misma le manifestó que su padre también padecía dicha malformación congénita.

Dado lo anterior, y por las pruebas obrantes, la Sala resalta en primer lugar que no consta acreditado que la actora informase al médico de su malformación con anterioridad al parto y era un deber que le correspondía a la paciente pues, constituye una obligación del paciente la de proporcionar al médico los datos relativos a su salud. Recalca la Sala que la Ley 41/2002 aunque confiere importantes derechos, también le impone obligaciones, siendo una de ellas y principal la de facilitar los datos sobre su estado físico de manera leal y verdadera y colaborar en su obtención, caso que no aconteció.

Por otro lado, respecto a sí el control ecográfico fue un control de calidad partiendo del hecho de que no existían antecedentes conocidos de riesgo malformativo y si las técnicas ecográficas existentes en el año 2000 permitían detectar las malformaciones que presentaba el niño. La Sala se apoya en los informes periciales, en especial del perito cualificado en la materia y colaborador en la elaboración de los protocolos de la SEGO, que dejo constancia de que: “al no existir antecedentes de riesgos malformativos se realizaron exploraciones ecográficas convencionales para identificar los órganos del feto. Se considera esencial la ecografía de la semana 20ª y de acuerdo a los equipos ecográficos de la época, malformaciones como las que presentó el niño al nacer solo se detectaban en uno de cada cuatro casos aunque otros tipos de malformaciones como la anencefalia o la espina bífida, fuesen casi todas detectables mediante ecografía. El diagnóstico ecográfico prenatal de malformaciones de extremidades, incluidas las reducciones graves, cuando no se asocian a cromosomopatías es muy difícil, incluso en la actualidad, detectarlas y solo se consiguen en un pequeño porcentaje de casos siendo mucho más dificultoso aún con los equipos disponibles en el año 2001.”

Dado lo anterior, la Sala entiende que no ha existido conducta responsable por negligencia por cuanto se da cumplimiento protocolar de las técnicas previstas de acuerdo a las circunstancias del caso y no había o no se tenía constancia de antecedentes de la malformación de la madre.

Concluyen por ello la Sala que uno de los requisitos de la responsabilidad por imprudencia es que se produzca un resultado objetivamente previsible, y merecerá tal consideración aquel que hubiera podido serlo por cualquier otro profesional puesto en el lugar del que actúe según los antecedentes del caso y el estado de los conocimientos médicos y científicos de la especialidad de que se trate. El médico demandado siguió procedimientos asentidos por los sectores más autorizados de la especialidad plasmados en los protocolos del momento y en consecuencia nada se debe reprochar cuando no se aprecia responsabilidad en el facultativo, pues en los errores de diagnóstico solo son reprochables los de bulto, los de notoria gravedad o los absolutamente erróneos.
 

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