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Lunes, 16 de mayo de 2011   |  Número 10
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ACTUALIDAD
José antonio SEOANE, PROFESOR DE FILOSOFÍA DEL DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE LA CORUÑA
“No hay que entender el CI como un documento, sino como un proceso de diálogo entre profesionales y usuarios”
Para el experto, la teoría legislativa se ha desarrollado de un modo adecuado, pero necesita implantes en la realidad clínica

Ricardo Martínez Platel / Imagen: Pablo Eguizábal. Madrid
“La comparecencia de la autonomía de los pacientes y usuarios en el ámbito sociosanitario ha originado un nuevo modelo de relación clínica, de toma de decisiones y de definición de la salud, en el que el respeto de los derechos de los pacientes, en particular la facultad de tomar y llevar a la práctica las propias decisiones en relación con su vida y su salud, ocupan un lugar preferente”, ha asegurado José Antonio Seoane, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de La Coruña en un seminario sobre Bioética y Derecho, celebrado en el Instituto de Salud Carlos III.

José Antonio Seoane.

Según el experto “el consentimiento informado se ha convertido en el derecho emblemático de los pacientes. Hoy en día la teoría legislativa se ha desarrollado de un modo adecuado, pero necesita implantes en la realidad clínica. No hay que entenderlo como un momento o como un documento, sino como un proceso de diálogo entre los profesionales y los usuarios, que tiene como finalidad tomar decisiones compartidas”.

Para José Antonio Seoane “la autonomía del paciente es un fenómeno reciente, pues el modelo predominante a lo largo de la historia ha sido el paternalismo”, que implica la limitación intencionada de la autonomía o la libertad de decisión y acción de una persona sin tomar en cuenta su parecer, con la finalidad de evitarle un daño o proporcionarle un bien.

Junto a otros factores, la autonomía de los pacientes y usuarios ha transformado la relación clínica, a través del reconocimiento del consentimiento informado en los procesos de toma de decisiones, aunque “se trata de una tarea incompleta, tanto por la falta de desarrollo o la interpretación inadecuada de diversas cuestiones como, sobre todo, por la omisión o el desconocimiento de algunas manifestaciones de la autonomía que aún no han logrado integrarse o consolidarse en la relación clínica”

José Antonio Seoane ha detallado las tres dimensiones o manifestaciones de la autonomía, como son la autonomía decisoria, centrada en la libertad de elección del paciente o usuario; la autonomía informativa, que consiste en el poder del paciente para disponer y controlar su información de carácter personal, íntima, privada y pública y la autonomía funcional o ejecutiva, referida a la libertad de acción (actuación o abstención) y a la capacidad de realizar por uno mismo las decisiones adoptadas.

Para el profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de La Coruña en España existen tres etapas de la configuración normativa de la autonomía del paciente. La primera se inicia con la Constitución española de 1978 con la introducción, el reconocimiento y la protección de la autonomía del paciente como derecho. Su primer desarrollo legislativo importante fue la Ley General de Sanidad (LGS), que tradujo el mandato constitucional y reconoció la autonomía decisoria de los pacientes en forma de consentimiento informado, incluyendo las decisiones de representación en caso de incapacidad. El segundo periodo llega con la consolidación y la profundización de la autonomía del paciente a raíz del convenio relativo a los derechos humanos y la biomedicina del Consejo de Europa (CDHB) y en la tercera etapa aparece plenamente la tercera dimensión de la autonomía del paciente, la autonomía funcional o ejecutiva.

 

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